REVISTA CONSULTORÍA

24-08-19 11:36

Agosto 

Dedicamos esta edición a uno de los proyectos más emblemáticos de la actual administración federal: el gran reto del Tren Maya. A pesar de que el proyecto ha tratado de ser ampliamente difundido, desde su concepción ha sido objeto de polémica en torno a su viabilidad técnica, legal, ambiental, social y económica. Esperamos que esta edición ayude a conocer mejor el proyecto y a enriquecer su discusión técnica.

El Tren Maya, más que un tren de pasajeros de carga o pasajeros, ha sido concebido como un polo de desarrollo regional en el sureste mexicano. Es sabido que los Estados del sureste mexicano son los que tienen el menor producto interno bruto y el menor ingreso per cápita del país, y por ende, los que requieren de modelos de inversión innovadores para mejorar el ingreso y el nivel de vida y bienestar de sus habitantes.

Se ha dicho que inicialmente el proyecto comprende una extensión de casi 1,500 kms de ferrocarril y una inversión entre 120 y 150 mil millones de pesos y que el Gobierno federal aportará el 10% de la inversión requerida, por lo que el resto será inversión privada a través de asociaciones público-privadas o inversiones mixtas. ¿Cómo lograr el apetito de los grandes inversionistas para el proyecto? La respuesta principal está en la preparación adecuada del proyecto, comenzando con una estructuración que permita dar certidumbre a los inversionistas para realizar los estudios de factibilidad de largo plazo para que el proyecto sea una realidad.


Uno de los retos más importantes es el tiempo. Un proyecto de esta envergadura requiere de un horizonte de inversión de por lo menos 30 a 50 años y una preparación de entre 3 y 5 años. A pesar de haber sido incluido en el Proyecto de Nación y en el Plan Nacional de Desarrollo 2019-2024, normalmente se hubiese requerido de más tiempo para madurar la preparación y difusión del proyecto. Desde el inicio de la administración se mencionó que el proyecto se prepararía en un año y se construirá en tres con objeto que pudiera ser puesto en marcha durante la presente administración. El reto en el tiempo de preparación, contratación y ejecución es considerable y esperamos que las metas puedan ser alcanzadas.


El proyecto está enclavado en una zona que no tiene precedentes de inversión. Excepto para el turismo de sol y playa, el sureste mexicano ha sido rezagado del desarrollo del resto del país, principalmente porque no se ha encontrado la fórmula correcta para dar certidumbre a los inversionistas al mismo tiempo que atraer beneficios a los lugareños. Esto representa un reto significativo en materia de educación, justicia y equidad.


El desarrollo de estos megaproyectos requiere de una nueva visión de largo alcance. Requiere de establecer los nuevos mecanismos legales, sociales y ambientales para dar certidumbre a las inversiones con horizontes de desarrollo de 30, 40 o 50 años. Lo que una vez concibió Fonatur hace 50 años para el turismo de sol y playa en la Riviera Maya, Los Cabos, Ixtapa, la Riviera Nayarita y otros grandes desarrollos, ahora ha cambiado de visión para ver nacer a un nuevo turismo distinto al de sol y playa. Un turismo cultural que aproveche las riquezas arqueológicas de nuestro país y que atraiga inversión y desarrollo regional con beneficio para las comunidades. Los retos son enormes y en los próximos años podremos ver si pueden ser una realidad. Esperamos que esta edición enriquezca la discusión técnica del proyecto y ayude a su desarrollo.

Ver publicación